No sé qué tan conocido sea este dato: La ciudad de México rompe récord en museos ubicados en una urbe a nivel mundial. Tal vez tampoco es cierto; aunque me lo dijo alguien confiable no hay razones para considerarlo un hecho. Por otra parte, además de la cartelera del Mix-up, existe la Chinalguía, el Tiempo Libre, la cartelera UNAM, la cartelera de Bellas Artes, del INBA, el FONCA , el Circo Volador y varias muchas otras que he olvidado o desconozco.
Hay cosas qué hacer para todos los bolsillos y cosmovisiones, si uno piensa que las opciones de entretenimiento las dicta la cartelera del cine, televisa o tv azteca es culpa suya.
Podría parecer que digo "bolsillos y cosmovisiones" como una conjunción artificial con el sólo objetivo de que mi cochino blog relumbre como uno de los más intelectuales de la blogósfera, pero no es así: Precio y cosmovisión influyen en el desarrollo cultural de la audiencia.
El teatro caro como un vagón de metro 2o mundo; es claro que no todos en la ciudad pueden pagar 500 pesos con holgura por pasar una tarde espectando un drama, pero también es cierto que quienes tienen la solvencia económica en cuestión no pagarían 50 pesos por observar un drama en un contexto que desmerezca su status: "No interesa que la chusma me vea ser culto; es la gente bonita la que debe verme."
Una declaración semejante es siempre una especie buscapiés ad hominem, ¿eso lo dices por tí o por quién? Si podemos brincarnos esa molestia -y sí que podemos- continuaré.
Es algo más bien natural, cada espectáculo tiene su nicho de mercado. La gente linda debe tener espectáculos con renombre a la altura de sus expectativas:
1) Actores de alta alcurnia: Por no mencionar que ellos necesitan trabajos en los que les paguen según su alcurnia.
2) Debe ser en foros de alcurnia: No hace falta mucho para darle alcurnia a un lugar, basta que sea bonito y que los precios discriminen a la chusma.
3) Debe lucir solemne: Suficientemente formal para hacelos sentir intelectuales.
Doce hombres en pugna presenta ante el espectador la distención que enfrenta un jurado gringo de la primera mitad del siglo pasado. El tema del drama es el juicio, entendido como diagnóstico, como actividad humana, y los distintos baremos que obnubilan el juicio de los hombres (y mujeres, para sonar como todos los cretinos de este país) al momento de determinar alguna cualidad respecto a algo. Claro, si lo digo en esos términos parece menos dramático; si concluyen que el acusado es culpable, este morirá... Pero eso es lo menos importante, la obra se trata sobre la argumentación y la teoría del juicio.
Me importa muy poco arruinarles el final de la obra, si son dramófilos o dramófagos asistirán, es más, tal vez ya conozcan la historia; si no y son unos viles posers que van al teatro por verse bonitos, además les estoy dando qué decir en el vestíbulo, de modo que no se quejen.
¿Y les arruinaría el final nomás por ojete? Sí, pero no es tal la razón para hacerlo.
La razón para revelar que la inocencia del acusado es el dictamen final del jurado, es que refuerza mi lectura de la obra como una ilustración de las pugnas que el razonamiento debe librar con prejuicios, emociones, pereza mental, falta de juicio, falta de compromiso social...
Los jurados no pueden determinar que el acusado de hecho sea inocente, pero tampoco que sea falso. Dado que no pueden intervenir en el juicio, las preguntas pertinentes que hubieran querido formular para que les fuese evidente un juicio u otro previo dictar su deliberación quedan en silencio. Son esas las preguntas que se desarrollan en el drama, y se confrontan al tiempo que superan cada uno de los vicios del pensar representados en los distintos hombres.
Si no les gusta mi exégesis pues lean otra.
Como puesta en escena es bien lograda, en tanto que logra que el espectador quede inmerso en el drama que es representado.
Sobra decir que el argumento es formidable, es algo que uno quisiera ver todos los días tan ostensiblemente.
Respecto a las localidades:
a) Vale la pena comprar los más caros porque son solo $1oo más costosos que los de en medio y deben ser indubitablemente mejores SALVO que consigan los de primera fila en primer piso.
b) Exceptuando a los de primera fila en primer piso, los demás lugares fuera de la planta baja dan lo mismo, de modo que si no consiguen primer piso fila A, compren de los más baratos, la diferencia es mínima y se ahorrarán $100.
De modo que si quieren impresionar a los suegros, la pareja o a ustedes mismos, la mesa está puesta y es una ocasión inmejorable. Están vigentes los descuentos habituales, de modo que si es usted pobre o tacaño podrá darse vuelo retrasando el avance de la taquilla mientras exhibe una (o varias) de sus cualidades.
Regresando al público asistente, y ya para terminar, no he de ser el más adecuado para juzgar quién es culto y quién no (tampoco el menos adecuado, pero no el más); lo que llama la atención es la posibilidad de estar en contacto con objetos de arte esforzados, historias presentadas con profundidad estética y lo mismo permanecer con el intelecto impasible, es decir dictar como juicio "esta película de Inclán si me gustó porque es menos vulgar".
Es inquietante que los objetos con gran potencial estético sean ametralladoras que disparan balas perdidas que casi nunca pegan en un blanco.
No es que me sienta tan especial, es que podría esperarse más de nuestra nación, digamos que contara con más ciudadanos pertinentes, sensatos, prudentes, si en efecto hubiese interés por la experiencia estética y no sólo por el bluff...
Ya que hablamos de la impertinencia y el desafío que esta implica para la razón, no olvide visitar
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